miércoles, 20 de septiembre de 2017

PONDRE MI LEY EN SU PECHO


Cuando nuestro Señor Jesucristo, amadísimos hermanos, predicaba el Evangelio del reino y recorría toda la región de Galilea curando enfermedades, la fama de sus milagros se divulgó por toda Siria, y de todas las regiones de Judea muchos acudían a este médico divino. Pero como la fe de los hombres ignorantes es siempre necio y torpe para creer lo que no ve y esperar lo que no palpa, la sabiduría divina creyó oportuno acrecentarla por medio de dones corporales y robustecerla por medio de milagros visibles: así, al experimentar cuán bondadoso era su poder, no durarían tampoco de lo saludable que eran sus enseñanzas.



Por ello, el Señor, para ir convirtiendo los dones corporales en remedio del espíritu y pasar de la curación de los cuerpos a la salud de las almas, se separó de las turbas que lo rodeaban y, con sus apóstoles, subió a un monte cercano. Sentóse entonces en la sublimidad de la cátedra mística, indicando con el lugar escogido y con la actitud tomada que él era aquel mismo que en otro tiempo había hablado a Moisés, también desde un monte; pero con la diferencia de que entonces lo hizo con gran severidad y con palabras terribles, y ahora, en cambio, lo hacía con bondad y clemencia, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Jeremías: Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones.



El mismo, por tanto, que había hablado a Moisés se dirige ahora a los apóstoles: así la ágil mano del Verbo iba grabando en los corazones de los discípulos los mandamientos de la nueva ley, pero no como entonces, rodeado de densas nubes, ni por medio de truenos y relámpagos que atemorizan al pueblo, alejándolo del monte, sino con la manifiesta suavidad de un diálogo que se dirige a los que están cerca. De esta forma la suavidad de la gracia anulaba la esperanza de la ley, y el espíritu de adopción suplantaba el temor servil.



Y cuál sea la doctrina de Cristo, se manifiesta en sus mismas palabras; con ellas el Señor quiere declarar los diversos grados por los que debe ir subiendo quien desea llegar a la felicidad eterna. Dichosos los pobres de espíritu -dice-. Porque de ellos es el reino de los cielos. A qué pobres se refiera la Verdad, tal vez quedaría confuso si dijera sólo: Dichosos los pobres, sin añadir de que clase de pobreza se trataba; a muchos, en efecto, se les podría ocurrir que era sólo cuestión de aquella indigencia material que muchos padecen por necesidad y que ella era suficiente para merecer el reino de los cielos. Pero al decir: Dichosos los pobres de espíritu, el Señor manifiesta que el reino de los cielos pertenece a aquellos que son pobres más por humildad de su espíritu que por la carencia de fortuna.

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QUE EL SEÑOR DIOS TODO PODEROSO......

Que el señor Dios todo poderoso derrame sobre ti un bálsamo de Paz, Amor y Protección, que su luz corra por todo tu cuerpo como manantial de agua viva.  En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén

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LA FELICIDAD NO ES UN DESTINO


EL TESTIMONIO DE DIOS EN CUANTO A LA SALVACIÓN


 Cuando se trata de dar testimonio, Dios tiene dos deseos: quiere que demos testimonio de él, y quiere poder testificar él sobre nosotros. Así que el dar testimonio es una espada de dos filos que corta tanto hacia el cielo como hacia la tierra. Se escucha mucho acerca de nuestro testimonio por Dios, pero poco o nada se escucha acerca del testimonio de Dios en cuanto a nosotros.
 ¿Qué es dar testimonio? Es afirmar un hecho. Cuando yo doy testimonio de Jesucristo, simplemente estoy afirmando que él es lo que afirma ser: el Hijo de Dios y el salvador de los hombres. Por otro lado, cuando Jesucristo da testimonio de nosotros, afirma una o dos cosas acerca de nosotros. La primera se puede ilustrar con Abel, quien ofreció su ofrenda por fe, y “recibió testimonio de ser justo” (Hebreos 11:4). Cuando Abel ofreció su sacrificio, Dios inmediatamente dio testimonio a todo el universo de que él era entonces “justo”. Estaba afirmando el hecho de que Abel había sido declarado santo (justificado) en el libro de registros del cielo.
 Lo mismo sucede a cada uno de nosotros que “ofrece la ofrenda de fe”, esto es, acepta el sacrificio del Calvario como suyo propio. ¿Cómo lo sabemos? Por el testimonio que Dios da de nosotros; él afirma el hecho de que ahora estamos en Cristo, y testifica a favor nuestro delante de todo el universo. Por lo tanto, la seguridad de la salvación no depende de nuestros sentimientos, los cuales tienen altibajos de acuerdo con el ritmo del cuerpo, la salud, las circunstancias, y aun el clima. Nuestra salvación depende del testimonio de Dios, quien manifiesta habernos declarado justificados en el libro celestial de cuentas, en base a nuestra fe en él.
 ¡Gracias a Dios por esa palabra segura de testimonio! ¡Y gracias a Dios porque el juez mismo ya dio su veredicto y me ha declarado libre! “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
 ¿Cómo andas en este asunto?
 Haz los ajustes necesarios.
 Dios te bendiga.
“Por tanto, a todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

 (Mateo 10:32).

LOS CONOCIMIENTOS.........

"Los conocimientos que se imparten son como el andamiaje que ayuda a construir el edificio del amor y de la sabiduría; edificio que durará por siempre, incluso cuando los conocimientos hayan sido olvidados"

ESCUCHA

*Escucha: *
“El Señor anula los planes de las naciones; frustra las maquinaciones de los pueblos” (Salmos 33:10)

*Piensa: *
A pesar de la inmensa bondad de la que somos testigos cuando caminamos junto a Dios, no es menos cierto, que aún la maldad posee muchos espacios ganados en este mundo.
Quizás estés atravesando dificultades que han sido causadas por personas, que representan un parte de esa maldad, personas que han querido, con sus malas intenciones y maquinaciones hacerte daño. Tal vez estén tratando de destruir tu negocio, tu hogar, tus hijos o tu matrimonio. Si es así, tengo palabras de ánimo para ti. Según Salmos 33:10, Dios hará nulo los planes de esas personas y frustrará sus maquinaciones. ¡El consejo de los impíos será frustrado, pero el consejo de Jehová permanece para siempre!
Recuerda que, si Dios es tu fortaleza en el tiempo de la angustia, nadie podrá vencerte.
Descansa seguro y confiado, tú triunfarás sobre ese problema en su totalidad. Mientras tanto, concentra tu atención en el Señor, y los pensamientos del corazón de Dios inundarán continuamente tu corazón: Cuando el justo habla, imparte sabiduría; con su lengua proclama la justicia. En su corazón habita la ley de su Dios; por eso sus pies nunca resbalan (Salmos 37:30-31). El consejo de Dios te dará estabilidad cuando todo a tu alrededor esté temblando. Las malas noticias no podrán quitarte la paz porque los pensamientos de Dios se levantarán y reprenderán las malas noticias para que no echen raíces en tu corazón.


*Ora: *

Señor, Guárdame de la calumnia y sus efectos y de las malas intenciones de personas que quieren hacerme daño, para que no creen en mi resentimiento o ira si llegarán a ocurrir. Libra mi boca de mentiras o falsos testimonios y convierte mis acciones en obras para causar el bien a aquellos que me rodean. *Amén*